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La naranja, tesoro oriental

Pocas frutas son más conocidas y más consumidas que la naranja, llegada del lejano oriente antes incluso de lo que muchos piensan.

La naranja, tesoro oriental

La naranja es una fruta redondeada del color que su nombre indica y que se consume principalmente durante el invierno. La pulpa de su interior tiene el mismo color brillante y se forma por pequeñas cámaras rellenas de zumo. Es una fruta utilizada para consumo como fruta fresca e industrialmente se utiliza principalmente para hacer zumos. Es, junto al plátano y la manzana, una de las frutas más consumidas alrededor del mundo y una de las más utilizadas por su color, aspecto y aroma en gastronomía.

Perteneciente a la familia de los cítricos, sus flores son parte de las denominadas Azahar, de las que ya os hemos hablado con interioridad. Su forma suele ser ovalada o redondeada y tanto su piel dura exterior como su fresca pulpa son de color anaranjado, excepto las variedades con pulpa roja. Todo el zumo está contenido en su parte comestible: la pulpa. Esta se consume directamente de la fruta, en zumo ó como ingrediente en cocina. De ella se pueden realizar compotas, mermeladas, dulces, licores, fruta deshidratada… A su vez, de ella se extraen varios aceites esenciales muy apreciados en la perfumería y la cosmética.

Según recogió Toussant en su “Historia natural” una de las primeras referencias documentadas sobre los cítricos de esta familia, se encuentra en un manuscrito de Yu Kung; se narra que las naranjas y los pomelos, envueltos en pañuelos de seda, eran ofrecidos como tributos al emperador Tayun, el cual reinó en China entre el 2205 y el 2197 A.C. La naranja llegó a China procedente de la India y desde allí fue traída a occidente por los comerciantes que seguían la Ruta de la Seda.

Se dice que cuando los portugueses llegaron a China en el siglo XVI se maravillaban al encontrar frutos muy parecidos a las naranjas que ya se cultivaban en la península, pero a su vuelta nadie les creyó. Nadie pensaba que un fruto tan arraigado en nuestra cultura pudiera tener otro origen y surgió la expresión “naranjas de la China” para remarcar el escepticismo sobre algo escuchado. Por otra parte, variedades como la mandarina provienen de la región denominada en su momento “La Conchinchina”, nombre que suscita gracia y alguna gente piensa que no es real, o se trata de un error, pero en la antigüedad se llamaba así a la actual Vietnam.

Consta en registros históricos que las naranjas ya se consumían en Roma. Los patricios se beneficiaban de estas frutas traídas desde la lejana Palestina, mismo lugar en el que las encontraron los cruzados en la Edad Media. Yacimientos históricos confirman que se cultivaban en el norte de África, en la antigua Carthago y que desde allí entraron por el sur de Europa, a través de las islas, Italia y finalmente la Península Ibérica.

No obstante, hasta los grandes descubrimientos marítimos que empiezan en el siglo XV, no tomaría esta fruta su mayor notoriedad. Al ser una fuente duradera de vitamina C, los marinos cargaban sus barcos con toneladas de las mismas para prevenir el escorbuto, lo que no hizo sino expandir enormemente su cultivo alrededor del mundo. Por ello fueron uno de los alimentos llevados por los colonizadores a América, empezando por el Caribe, para más tarde ser llevadas a la zona de Florida.

Finalmente los misioneros y los colonizadores la llevarían al “Lejano Oeste” durante la época de la fiebre del oro. De aquí sale otra frase hecha y relacionada en parte con esta fruta, durante la época de la colonización Americana, se dieron varias épocas de malnutrición debido a la escasez de recursos que tenían los mineros, por ello algunos comerciantes empezaron a vender zumo de naranja para paliar ciertas enfermedades a cambio de oro puro, por lo que se empezó a decir que se vendía “a precio de oro”.